miércoles, 8 de abril de 2020



EJERCICIO: Si yo fuera...



El ejercicio consiste en pensarnos desde lo hipotético para encontrar imágenes o símbolos que nos ayuden a representarnos.


¿Si fueras una canción, cuál sería?

¿Y si fueras un color?

¿Un animal?

¿Una fruta?

¿Si fueras una tienda, qué se vendería en esa tienda?

¿Una comida?

¿Un juguete?

¿Una calle?

¿Un personaje histórico?

¿Un libro?

¿Una planta?

¿Un ciudad?

¿Una película?

¿Un medio de transporte? 

¿Un olor? 

¿Una prenda de vestir? 

¿Un estado de ánimo?












GALERÍA DE AUTORRERTATOS


En la historia del arte, todos los artistas se han pintado alguna vez a sí mismos, ¿Qué hay detrás de la necesidad que experimenta un artista por retratarse a sí mismo?



Este autorretrato de Van Gogh fue realizado en septiembre de 1889, después de haber superado una crisis de salud se observa sano y fuerte pero mirada y sus gestos revelan sus preocupaciones interiores pues; aunque que ha superado la fuerte crisis, teme una nueva recaída, en particular teme no volver pintar.





Aunque muchos suponen que las pinturas de Frida Kahlo  eran reflejos de sus sueños o imágenes surrealistas, la misma artista aclaró que en realidad sus autorretratos eran representaciones de su propia vida y de sus emociones: "Me pinto a mí misma porque soy la persona a quien mejor conozco"






Los autorretratos de Rembrandt muestran cómo fue cambiando su concepto de sí mismo en el tiempo. La mayor parte de su producción artística son autorretratos; siempre llamó la atención el interés del pintor por su propio rostro. Se le conocen más de cien autorretratos en los que dejó una biografía íntima de sus cuarenta años de vida artística.





“El reflejo de tu cara ya es otro en el espejo y el día es un dudoso laberinto.  Somos los que se van. La numerosa nube que se deshace en el poniente es nuestra imagen. Incesantemente, la rosa se convierte en otra rosa. Eres nube. Eres mar, eres olvido. Eres también aquello que has perdido”. Jorge Luis Borges.


A propósito de este último autorretrato pintado por Borges, les comparto un link donde pueden encontrar diferentes autorretratos de escritores muy interesantes: https://lapiedradesisifo.com/2013/03/19/autorretratos-de-escritores/













 AUTORRETRATO DE SALVADOR DALÍ


Había dejado crecer mi cabello y lo llevaba largo como el de una niña y, mirándome al espejo, adoptaba con frecuencia la postura y el melancólico aspecto de Rafael, a quien habría querido parecerme lo más posible. Aguardaba también con impaciencia que creciera el vello en mi rostro, para poder afeitarme y llevar largas patillas. Deseaba darme lo antes posible un «aspecto insólito», componer una obra maestra con mi cabeza. Compré un gran sombrero de fieltro negro y una pipa que no fumaba ni prendía nunca, pero que mantenía constantemente colgando a un lado de mi boca. Me asqueaba el pantalón largo, y decidí llevarlo corto, con medias y a veces bandas. Los días de lluvia llevaba un impermeable que había traído de Figueras, pero tan largo que casi llegaba al suelo. Con este impermeable, llevaba el gran sombrero negro, del cual surgía mi cabello a cada lado como crines. Me doy cuenta actualmente de que los que me conocieron entonces no exageran de ningún modo al decir que mi aspecto era «fantástico». Realmente lo era. Siempre que salía o volvía a mi habitación, formábanse grupos de curiosos para verme pasar. Y yo seguía mi camino con la cabeza alta, henchida de orgullo.




jueves, 2 de abril de 2020

AUTORRETRATO MÓNICA PELÁEZ







AUTORRETRATO

Mónica Peláez

No sé qué tan bien la conozco, pero sé que cualquier intento por describirla puede resultar contradictorio. Puedo decir que su expresión siempre fue desafiante, en sus labios siempre había gesto irónico. Sus cejas oscuras y sus ojos agudos hacían pensar a todos que ella tenía la razón, siempre, sobre cualquier cosa. Sin embargo, era de ideas flexibles y palabras suaves.  


La recuerdo cuando tenía 15 años, lo tenía todo y no lo sabía, tenía demasiado miedo para darse cuenta. No sabía que su pelo largo nunca volvería a brillar tanto como entonces, su piel nunca volvería a ser tan suave y ella no lo sabía. Estaba preocupada por el mañana; caminaba triste y ausente en medio de su soledad, una soledad que había elegido voluntariamente.  Tenía 15 hermosos años, la sonrisa fácil y la mirada inquieta; pudo haber abrazado el mundo; pero no lo hizo. Se negó a toda posibilidad para vivir en la ilusión de lo imposible.


Pasaron seis largos años antes de que viera su error con claridad. Cumplió la mayoría de edad y, entonces, llegaron los reproches y la culpa; llegaron también las ocupaciones para convertirla en una adicta al trabajo. Estar ocupada era la mejor estrategia para no pensar en los vacíos que deja el tiempo perdido. Se convirtió en una mujer de fortalezas frágiles, de certezas dudosas.




AUTORRETRATO DE BORGES




Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y solo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras
cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro. No sé cuál de los dos escribe esta página.
FIN

AUTORRETRATO DE PABLO NERUDA







AUTORRETRATO DE PABLO NERUDA


Por mi parte, soy o creo ser duro de nariz,
mínimo de ojos, escaso de pelos
en la cabeza, creciente de abdomen,
largo de piernas, ancho de suelas,
amarillo de tez, generoso de amores,
imposible de cálculos,
confuso de palabras,
tierno de manos, lento de andar,
inoxidable de corazón,
aficionado a las estrellas, mareas,
maremotos, administrador de
escarabajos, caminante de arenas,
torpe de instituciones, chileno a perpetuidad,
amigo de mis amigos, mudo
de enemigos,
entrometido entre pájaros,
mal educado en casa,
tímido en los salones, arrepentido
sin objeto, horrendo administrador,
navegante de boca
y yerbatero de la tinta,
discreto entre los animales,
afortunado de nubarrones,
investigador en mercados, oscuro
en las bibliotecas,
melancólico en las cordilleras,
incansable en los bosques,
lentísimo de contestaciones,
ocurrente años después,
vulgar durante todo el año,
resplandeciente con mi
cuaderno, monumental de apetito,
tigre para dormir, sosegado
en la alegría, inspector del
cielo nocturno,
trabajador invisible,
desordenado, persistente, valiente
por necesidad, cobarde sin
pecado, soñoliento de vocación,
amable de mujeres,
activo por padecimiento,
poeta por maldición
y tonto de capirote.

martes, 24 de marzo de 2020

EL RETRATO



«Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años, era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro; gran madrugador y amigo de la caza».


EL RETRATO

Reflexionemos sobre el concepto de retrato en toda su semántica.

Antes de leer las siguientes líneas detente unos minutos para que acudan a tu mente todas las acepciones o significados que puedes asociar con el concepto de retrato.

Posiblemente surjan cosas como:

  • Representación gráfica de un cuerpo.
  • Objeto portador de significados: recuerdos o memorias, afectos, pérdidas, obsequio o regalo.
  • Recurso literario o como figura retórica que permite hacer presente a alguien a través de la escritura.


EL RETRATO COMO FIGURA LITERARIA

Vamos a centrarnos en esta última:

El retrato como recurso literario permite describir a un personaje de forma cercana relacionando sus rasgos físicos y psicológicos. En general es una combinación de tres figuras retóricas descriptivas: prosopografía, etopeya y pragmatografía. Alguien dijo una vez que se trata de plasmar en prosa la presencia física y el contenido espiritual de un personaje para configurar en cada línea la existencia compleja de un individuo.

Prosopografía: se usa para describir rasgos externos de un individuo, animal o cosa.
Etopeya: permite describir rasgos internos como carácter, cualidades, costumbres y virtudes de un individuo.
Pragmatografía: describe acciones, hechos y objetos.


Ahora, pensemos por un momento en la actitud o disposición que debe tener la persona que retrata, el retratista. Pensemos también en la sensación o emociones de aquel que es retratado: mirar o ser mirado. ¿Qué puede ser más difícil? Y,si tuviéramos que hacer un retrato de nosotros mismos, ¿Qué tan fácil sería mirarnos?

EL RETRATO AUTOBIOGRÁFICO

¿Qué tan sencillo puede resultar hacer un retrato de sí mismo?

Toma papel y lápiz, queremos proponerte un reto: Escribir tu autorretrato literario.


 A continuación, encontrarás diferentes ejercicios que te pueden ayudar a construir tu propio autorretrato. Cada ejercicio nos invita a una reflexión profunda, nos reta a mirarnos a nosotros mismos y a ver más allá de las apariencias. 

EJERCICIOS

Ejercicio 1: "Espiral biográfica narrativa"

Este ejercicio es una invitación a volver en el tiempo, a través de la memoria, para encontrarse nuevamente consigo mismos en diferentes momentos de su vida.
Deben elegir algunos recuerdos significativos que les permitan, de alguna manera, explicarse a sí mismos cómo han llegado a donde se encuentran en el presente: ¿Cuáles fueron esos acontecimientos que los condujeron a ser lo que son ahora?
Para construir la “Espiral biográfica narrativa” deben tomar una hoja de blog o de su libreta, si lo prefieren, y apuntar, cronológicamente, de adentro hacia afuera, las fechas, los nombres, los lugares que emerjan en sus recuerdos. Finalmente pueden hilar esos acontecimientos en una narración.

Ejercicio 2: “El espejo”


Busca un espejo que esté a tu alcance e intenta contemplar tu reflejo durante algunos minutos, no te preocupes por el tiempo, tómate el tiempo que necesites. Para algunos de ustedes puede ser fácil, otros no resistirán mucho tiempo, ya que a veces no nos gusta lo que vemos. 
Con este ejercicio queremos invitare a "mirarte desde fuera". Procura observar todos los detalles, los más sutiles. ¿En qué o en quién piensas  cuando observas tus ojos? ¿A quién te recuerda tu boca? ¿Qué sensaciones te genera este ejercicio?


Ejercicio 3: "Inventario"

Primero haz un inventario de los rasgos físicos más característicos del reflejo que has observado. 

A continuación tómate un momento para pensar cuales son los rasgos psicológicos que podrían que deberían estar presentes en tu retrato y haz un lista. 

Ejercicio 4: "Referentes"

Acude los ejemplos que citamos a continuación para que tengas una idea más amplia de las posibilidades narrativas que tienes al escribir un retrato literario. 

EJEMPLOS

A continuación, encontrarás un fragmento del retrato biográfico de Gustav Aschenbach el entrañable protagonista de La muerte en Venecia del escritor alemán Tomas Mann:

«A los cuarenta   años, cansado de los esfuerzos y alternativas de su profesión de escritor, ocupaba ya un puesto entre la intelectualidad mundial, que diariamente le manifestaba su afecto y reconocimiento en todos los países.
Su genio, apartado por igual de lo vulgar y de lo excéntrico, era de la índole más apropiada para conquistar, al mismo tiempo, la admiración del gran público y el interés animador de las minorías selectas. Acostumbrado desde muchacho al esfuerzo, y al esfuerzo intenso, no había disfrutado nunca del ocio ni conoció la descuidada indolencia de la juventud. A los treinta y cinco años de edad cayó enfermo en Viena. Un fino observador decía por entonces, hablando de él en sociedad: «Aschenbach ha vivido siempre así —y cerraba fuertemente el puño de la mano izquierda—. Nunca así —y dejaba colgar indolentemente la mano abierta». Esto era exacto, y el valor moral probado por ello era tanto mayor, cuanto que su naturaleza no era robusta ni mucho menos, y no había nacido para ejecutar esfuerzos de suprema tensión.
Su delicada complexión hizo que los médicos le excluyesen durante su niñez de la asistencia a la escuela, por lo cual disfrutó una educación casera. Había crecido así, aislado, sin amigos, dándose cuenta prematuramente de que pertenecía a una generación en la cual escaseaba, si no el talento, sí la base fisiológica que el talento requiere para desarrollarse; a una generación que suele dar muy pronto lo mejor que posee y que rara vez conserva sus facultades actuantes hasta una edad avanzada. Pero su lema favorito fue siempre resistir, y su epopeya de Federico no era sino la exaltación de esta palabra, que le parecía el compendio de toda virtud pasiva. Y deseaba ardientemente llegar a viejo, pues siempre había creído que sólo es verdaderamente grande y realmente digno de estima el artista a quien el Destino ha concedido el privilegio de crear sus obras en todas las etapas de la vida humana.
Por eso, como la carga de su talento tenía que ir sobre unos hombros débiles, y como quería llegar lejos, necesitaba una extremada disciplina. Y la disciplina era, por fortuna, una parte de su herencia paterna. A los cuarenta, a los cincuenta años, lo mismo que antes, a la edad en que otros descuidan sus facultades, sueñan y aplazan tranquilamente la ejecución de grandes planes, él comenzaba temprano la jornada cotidiana, dándose una ducha de agua fría, y luego, alumbrándose con un par de velas altas en el candelabro de plata, a solas con su manuscrito, brindaba al arte en dos o tres horas de intenso y concentrado trabajo mental, las fuerzas que había acumulado durante el sueño».


En el siguiente enlace encontrarás algunos ejemplos triviales que te pueden ayudar en la descripción: